El cizañero es cizañero; no importa a cuántos retiros vaya, cuántos libros finja leer, ni cuántas cruces tenga en el pecho.
El que ha acunado su esencia en el conflicto, la cizaña y el drama, lo bueno lo hará malo, las intenciones puras las envenenará y destruirá todo lo bueno que deseas construir.
No importa cuántos parches se pongan, cuántos disfraces vistan para el público, su esencia saldrá en gestos y palabras, en momentos en que el ojo común está adormecido por el entretenimiento, pero el ojo crítico, de aquel que busca la verdad, no podrá ser engañado.
Caen disfraces y buenas intenciones cuando se ha despertado del dormir de lo nuevo. De las palabras que mecen y atontan, pero no crean. De la intención que nunca tuvo intención alguna de ser.
De una forma diferente, parecida, pero no igual, como diría tan magistralmente Buena Fe: Más paso que huella, Ni una más.
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