Todos nos ofendemos, nos quebrantamos y recordamos aquello que nos destruyó. Pero pocos recordamos cuándo ofendimos, cuándo quebrantamos y aquello que destruimos.
Pero si la semilla fue de cizaña, ¿cómo es que nos sorprende que nos envenenemos?
Como muy bien diría mi alter ego: te haré beber del fruto de tu propia siembra y luego disfrutaré de ver la muerte por mano propia.
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