Nadie te enseña que la vida es corta, que la planificación es necesaria precisamente, porque la vida es corta. Que vivir el día a día es lo que hace posible que la vida desaparezca en un abrir y cerrar de ojos.
Mucho se habla de vivir como si fuera el último día, recordando que el mañana no está garantizado. Pero muchas personas no entienden la esencia de este recordatorio y lo tergiversan creando su propia tumba.
La idea nunca ha sido morir esclavizado. La idea nace de la libertad del hoy. Del no esperar a mañana para perdonar, ayudar, mejorar y compartir con tu familia. Porque los momentos valiosos de la vida están pasando ahora y no esperan a ser apreciados. Simplemente son como el Agave americana; florecen una sola vez y mueren.
Vivir como si fuera el último día no es un mensaje para hacer locuras, contraer deudas ni comprar el carro, la casa y los teléfonos que no puedes pagar. No es un culto al impulso desmedido, a los sentimientos pasajeros, al mal llamado ‘lo que dicte tu corazón’.
Vivir como si fuera el último día es un mensaje de liberación, no de esclavitud. Y libre es aquel que no arrastra sus cadenas y que estas no le detienen. Libres son el perdón, la paz, la compasión, el esfuerzo, la fidelidad, la lealtad, la honestidad, la integridad y el amor que posee todas y cada una de estas cualidades libres.
Libres son los momentos que podrán ser apreciados y atesorados solamente, por otro ser libre.
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