La semilla que da frutos

Se esfuerzan durante tres meses y quieren tener los mismos beneficios que la gente que se lleva jodiendo el lomo desde hace 10 años. Así de delirantes son.

Viven con una cara y una vida maquillada, pero el esfuerzo tiene fecha de expiración. Una vez tienen conciencia del esfuerzo y que este en realidad no expira, que es necesario y tiene que existir, se vuelven expertos en manejar la percepción.

Ahora la conversación gira en torno a su esfuerzo y a lo mucho que han cambiado, aparentemente sin razón particular. Te van envolviendo en la palabra que solo busca reforzar la percepción. Y si te desenfocas, el veneno poco a poco llegará a tu corazón.

Pero ese veneno tiene antídoto, y el antídoto es muy poderoso. Puede haber engaño en el dominio del esfuerzo, pero no hay engaño alguno en el dominio de los resultados. Cuando te veas atascado con alguien que vanagloria su esfuerzo, muévelo de ese dominio al dominio de los resultados.

No hay percepción en los resultados, son blanco o negro, están, o no están. Y es que, el esfuerzo se vuelve irrelevante, cuando los resultados no están. Y la percepción pierde su poder destructivo y caótico, ante la realidad bendita que crear es mucho más importante que hablar.

El árbol se juzga no solo por el fruto, sino también por el tiempo en el que debió dar su fruto. Esa es la gran diferencia entre una semilla que da frutos y la semilla que simplemente es del montón.

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