| Si alguna vez la realidad toca a mi puerta y, con una sonrisa, me entrega una carta en la que claramente dice que no es posible, la recibiré y le daré las gracias por traerla. Seré educado, no discutiré con ella, pues el mensajero nunca es culpable del mensaje. Cerraré la puerta, me sentaré en mi sofá y la leeré nuevamente, pero esta vez con más calma y tranquilidad. Luego la pondré en ese mismo sobre donde llegó, la cerraré y la colocaré en la mesa. Después, levantaré mi mirada y, entendiendo la esencia de la vida, simplemente responderé: Está por verse. |
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